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Una crisis para Rato

Los índices de referencia oficiales para fijar los tipos de interés de los préstamos continúan bajando y sitúan los créditos bancarios en mínimos históricos. El índice Euribor bajó en octubre por quinta vez hasta el 3,12%. De este modo, la apertura y la renovación de un crédito hipotecario resultará más barata, a un nivel similar al de julio de 1999.
El Mibor, índice utilizado en operaciones contratadas antes de diciembre de 1999, también bajó hasta el 3,12%. Para el cliente de los bancos, sin embargo, el tipo medio bajó sólo hasta el 4,81% y en el conjunto de entidades de crédito se redujo hasta el 4,69%. Estos descensos anticipan, según los expertos, un próximo recorte de los tipos de interés en la zona Euro, situados ahora en el 3,25%, medida que podría adoptar el Banco Central Europeo el próximo 5 de diciembre para estimular la recuperación económica.
Contrariamente a los intereses de España, el mes pasado el BCE mantuvo los tipos invariables, a pesar de la rebaja que sí realizó la Reserva Federal de Estados Unidos. La inflación en la zona euro alcanza el 2,3%, excusa oficial para no abaratar el precio del dinero. La previsión de la Comisión Europea para fin de año estaba fijada en el 2%. España tuvo una inflación del 4%, según los datos de Eurostat.
Hay una crisis económica. La crisis es financiera, pues ha afectado duramente a los mercados especulativos, pero ha afectado también con fuerza a la economía real. España necesita, para superar la crisis, una política decidida y sin complejos. En el lustro anterior, en una coyuntura favorable y con una serie de soluciones imaginativas, España creció más que nunca en las últimas décadas. Aquel Rodrigo Rato supo convertirse en la mejor fachada del PP en el Gobierno, precisamente por aquellos éxitos. Pues bien, hoy la pelota vuelve a estar en el tejado de Rato.
Si una solución es adecuada en un momento y unas circunstancias dadas, hay que felicitar a quien supo tomarla e imponerla. Pero eso no significa que las mismas soluciones y la misma política sean eternamente válidos. La crisis de 2002, a diferencia de la de 1996, probablemente no requiere más flexibilidad laboral, más economía especulativa, más apuesta por la globalización comercial o más ortodoxia financiera. Ante nuevos desafíos, una nación moderna debe elaborar nuevas respuestas Sin apriorismos, sin prejuicios: todo vale por el bien del pueblo español.