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El efecto Le Pen

SANTIAGO GAMÓN JARA

No conozco el ideario de Le Pen ni su programa electoral y esta ignorancia me sitúa en igualdad de condiciones, en la misma posición de salida de la que han partido la mayoría de los comentaristas políticos que tanto han escrito acerca de él y la totalidad de los manifestantes que han paseado su nombre y su fotografía entre gritos antiglobalización y protestas contra la ley de la calidad de la enseñanza. Supongo.

Se ha dicho que el ascenso de Le Pen supone un peligro para la democracia cuando su avance es resultado de la democracia misma.

Es como si quisieran poner vallas a la democracia, ilegalizar la existencia de partidos de ese tinte en precaución a posible organización de acciones violentas. Lo curioso es que lo piden los mismos medios que hace unos días celebraban el vigesimoquinto aniversario de la legalización del partido comunista, ideología compartida por el FRAP, GRAPO y otros grupos pacíficos -¿o pacifistas? -. Medios desde los que aplaude a movimientos nacionalistas independentistas, origen de ETA o Terra Lliure. Medios que medraron a la sombra de un poder cuyos máximos dirigentes participaban en manifestaciones donde se gritaba “ETA ven y mátalos” y uno de sus más destacados miembros consideraba que un terrorista era un ciudadano como otro cualquiera. ¡Ay la memoria!.

Ilegalizar partidos que apoyan posturas violentas, sí, pero cuando se pueda demostrar, no priori, en previsión de.

No digan ahora que el pueblo se ha equivocado. No desprestigien el sistema democrático. Ese el riego de la democracia y también su grandeza y con tal hemos de asumir. De las urnas pueden salir gobiernos que no nos gusten, pero serán legítimos. Si la mayoría quiere un gobierno así, así será ¿o acaso tiene alguien la exclusiva de la verdad?.

Muchos comentaristas han visto el avance de Le Pen como un movimiento de rechazo a la inmigración masiva y se han sorprendido al ver que los votos procedían de barrios obreros y sectores menestrales.

Pues claro. Para las clases acomodadas la inmi-gración es ayuda para el trabajo doméstico. Para el empresariado es mano de obra para la agricultura y la construcción.

Para las mafias significa tráfico de personas, prostitución o correos para el contrabando de droga. Pero las clases acomodadas no conviven con los emigrantes. No comparten sus espacios. Limpian sus casa, recogen su fruta y adiós. A dormir al suburbio. Al barrio obrero.