PARÍS. El presidente de la República francesa, Jacques Chirac, anunció ayer en Rennes (al oeste del país) que no está dispuesto a debatir con su rival en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el ultraderechista Jean-Marie Le Pen, ya que «ante la intolerancia y el odio, no hay transacción posible, ni comprensión posible, ni debate posible».
Con estas palabras, Chirac sale al paso de la presión de Jean-Marie Le Pen, que quiere forzar por todos los medios un duelo «a primera sangre» audiovisual con Jacques Chirac, que tomó la decisión de no aceptar el encuentro tras evaluar las ventajas y los inconvenientes de un «mano a mano» ante todas las cámaras de tv, de consecuencias impresivibles, ante un rival sencillamente temible.
El duelo final, entre los dos grandes candidatos ganadores de la primera vuelta, es un espectáculo tradicional del paisaje político francés, desde que el jefe del Estado es elegido a través del sufragio universal. Se ha tratado, siempre, de un debate excepcional entre un candidato socialista y un candidato conservador. Mitterrand contra Giscard (1974), Giscard contra Mitterrand (1981), Mitterrand contra Chirac (1988), Chirac contra Jospin (1995).
El 5 de mayo próximo se enfrentarán, por vez primera, un candidato conservador (Chirac) y un candidato de extrema-derecha (Le Pen). Con una novedad igualmente explosiva: Le Pen es un candidato condenado por los Tribunales de Justicia, por delitos de violencia verbal de carácter racista. Y no es un secreto el inmenso talento demagógico del lider extremista.
Le Pen deseaba forzar el duelo audiovisual, porque esperaba ganar electores, lanzándose en tromba contra un adversario que lleva meses arrastrando las cacerolas de numerosos escándalos, relacionados con su antiguo cargo de alcalde de Paris.
Chirac, por el contrario, pudiera temer un «cuerpo a cuerpo» audiovisual, que se transformase en imprevisible pugilato. Sin embargo, sus consejeros evalúan ahora un riesgo imprevisible: rechazar el «mano a mano» ofrece a Le Pen un nuevo flanco de ataque, denunciando la «cobardía» de su rival y la «manipulación» de las grandes cadenas de radio y tv.
Reacción inmediata
Reacción que no tardó en llegar. El líder del ultraderechista Frente Nacional (FN), calificó a Chirac, nada más conocer su decisión de no debatir, de protagonizar una «lamentable espantada», la cual, según él, demuestra que Chirac «tiene miedo a la verdad».
Desde anoche, Chirac se presenta como el gran candidato del orden republicano, defendiendo la patria amenazada por los fantasmas extremistas. Desde la noche del domingo, Le Pen se presenta como el candidato de «los pobres, los marginados, los olvidados y hundidos por una clase política corrupta».