Con una abstención récord del 28 por ciento, los electores franceses dieron ayer un vuelco sin precedentes al paisaje político nacional. Los tres candidatos de la extrema derecha consiguieron más del 20 por ciento de los votos. La espectacular eliminación del candidato socialista y el hundimiento del candidato comunista anuncian una recomposición muy profunda de todos los equilibrios políticos tradicionales.
La vertiginosa sucesión de noticias precipitó el terremoto político en menos de cien minutos. A las dos horas cortas de conocerse los resultados, Jospin anunciaba su retirada de la vida pública, cuando concluya la elección presidencial, el 5 de mayo próximo. Minutos antes, Jean Marie Le Pen lanzaba un llamamiento demagógico y populista a la «revolución de los pobres y los humildes contra un sistema político corrompido».
Ganador de la primera vuelta, cotizado, ya, como posible vencedor definitivo, dentro de quince dias, Jacques Chirac hizo anoche un ecuménico llamamiento nacional contra los extremismos, apelando a «los grandes principios donde se funda Francia, la libertad, la democracia, la toleracia, el respeto del otro, los grandes ideales que nos unen, a todos, en el amor a la patria».
Sin citar a su rival derrotado ni a su rival de la segunda vuelta, Jacques Chirac pidió la «unidad nacional para confirmar nuestra capacidad de vivir en común, en una Francia solidaria, generosa, plurar, cuya fuerza, en Europa y en el mundo reposa en la defensa de los valores que nos dan fuerza y libertad».
El único no extremista
Chirac es, hoy, el único candidato de todas las fuerzas no extremistas, de izquierda y derecha. Se trata de una novedad excepcional: un candidato conservador disputando la presidencia de la República, enfrentado a un candidato de extrema derecha. No es seguro que el PS, el PCF y los Verdes pidan el voto para el candidato de centro-derecha. Pero es cierto que la izquierda se comprometió ayer a combatir al candidato victorioso de la extrema derecha.
Con un 17,5 por ciento, Jean-Marie Le Pen consiguió ayer una espectacular victoria personal, que todos los analistas presentaban como un seismo, un terremoto, una convulsión, un resultado sin precedentes en la historia electoral de Francia. Por vez primera en la historia política nacional, un candidato de extrema derecha está hoy en posición de ser elegido jefe del Estado. Los electores han votado a un candidato que los tribunales han condenado, en varias ocasiones, por delitos racistas.
Al 17,5 por ciento de Le Pen habría que sumar, todavía, el 2.5 por ciento de Bruno Megret, que también es un candidato de extrema derecha. Sin olvidar el 1.1 de Christine Bouton, candidata de ultraderecha.
El resultado del resto los candidatos de centro y derecha confirma la tendencia muy conservadora del voto de ayer. François Bayrou, centrista, consiguió el 6.7 por ciento. Alain Madelin obtuvo entre 3.5 y 3.8. Jean Saint-Josse pudo obtener entre el 4 y el 4.6 por ciento. Corinne Lepage hubiera conseguido entre el 1.5 y el 1.7 por ciento. Un voto de centro-derecha aparentemente mayoritario, que forma parte del capital natural de Chirac para la segunda vuelta.
Recomposición de la izquierda
A la izquierda, el mediocre 15,5 por ciento de Jospin es el peor resultado de un candidato de izquierda en primera vuelta de una elección presidencial en la V República. De ahí la honesta decisión de retirarse de la política, ya que es un desastre personal. Y una invitación espectacular a la recomposición de la izquierda.
El hundimiento del PCF, con un 4 por ciento, confirma el hundimiento de la izquierda, en beneficio de los Verdes y la extrema izquierda, cuyos tres candidatos consiguieron ayer entre el 10 y el 12 por ciento. Con un 5 o un 6 por ciento, los Verdes se consolidan como segundo partido de la izquierda, arrinconando al PCF. Con un 5 por ciento, Jean-Pierre Chevènement, ex ministro del interior de Lionel Jospin, sufre un descalabro significativo.
A la izquierda, las reacciones de François Hollande, primer secretario del PS, Noël Mamere, líder de los Verdes, Robert Hue, jefe del PCF y Jean-Pierre Chevènement, ex ministro del Interior socialista, eran un doloroso reflejo de su consternación generalizada, con denuncias apocalípticas contra Le Pen y llamamientos a impedir la victoria final de la extrema derecha, sin pedir el voto definitivo para Chirac.
Al cierre de esta edición, en París y otras ciudades se multiplicaban las manifestaciones de protesta contra la victoria de la extrema derecha. En la parisina plaza de la República, los manifestantes pedían a gritos un frente común contra la extrema derecha. Noël Mamere, el líder ecologista, ha pedido la convocatoria de una gran manifestación de protesta contra los partidarios de Le Pen.
Los primeros sondeos del duelo final, entre Chirac y Le Pen, el 5 de mayo, anunciaban anoche una holgadísima victoria del primero por 78 contra 22 en estimación de voto.