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Ni está ni se la espera: la extrema derecha en España sigue siendo minoritaria

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Como dijeron de un General relacionado con el 23-F, la extrema derecha española ni está, ni se la espera y parece ajena al resurgir de sus 'partidos hermanos' en Europa. Cada 20-N, aniversario de la muerte de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, España se pregunta por la pervivencia de la extrema derecha en su sociedad. El año pasado tuvo lugar el asesinato de un joven 'antifascista' de 16 años, cuando se dirigía a bloquear una manifestación del partido ultraderechista Democracia Nacional, y ello ha desatado cierta preocupación por el peso que los grupos radicales pueden llegar a tener en la sociedad.


Formaciones como la Falange, Confederación Nacional de Combatientes de España, el Frente Nacional o Alianza Nacional se hacen presentes en el entorno del 20-N de cada año, pero no pueden disimular su endeblez y debilidad ya que apenas consiguen hacerse ver. 

El mosaico de partidos legales de extrema derecha se completa con nombres como España 2000 o Alternativa Española, pero las relaciones entre estos grupos suelen ser conflictivas. Se trata, por tanto, de un sector ideológico dividido y, hasta ahora, irrelevante en las urnas. Los grupos de estética skinhead y corte violento acaparan la atención, desacreditando a los líderes que tratan de construir un discurso político digerible por un número significativo de votantes.

Sin partido ni líder
Tras la autodisolución de Fuerza Nueva, a raíz de su estrepitoso fracaso electoral en 1982, la ultraderecha española no ha tenido ni un partido ni un líder que consiga aglutinar el voto ultra. Caracterizada por constantes enfrentamientos entre grupos y monumentales broncas entre sus líderes, la extrema derecha española mira con envidia los resultados de sus amigos del Frente Nacional francés y el liderazgo aglutinador de Jean Marie Le Pen. Sin embargo las diferencias persisten y en la apuesta por la vía electoral ya se perfilan varias corrientes claramente enfrentadas.


Democracia Nacional: el ala más radical

Manuel Canduela, líder de Democracia Nacional (DN), ha aglutinado a diversos sectores. En su órbita pululan otros grupos más minoritarios, como Alianza Nacional (AN). 

El máximo enemigo y competidor de Canduela, José Luís Roberto, líder de España 2000 (E 2000), tardó pocas horas en condenar el asesinato del joven Carlos Palomino, refiriéndose a la culpabilidad de "quien ha convocado irresponsablemente una manifestación", en clara alusión al presidente de DN.


Y es que E 2000 "ha adquirido una vida y un rumbo propio que la han alejado progresivamente de la extrema derecha", según una declaración publicada por ese grupo fascista tras las elecciones municipales del 27 de mayo del 2007. Elecciones en las que el partido de Roberto subió en votos y obtuvo representación en dos localidades valencianas de más de 15.000 habitantes. El citado documento, cuya autoría se atribuyó al recién llegado Ernesto Milá, anunciaba la nueva estrategia de los ultras.

Esta vía lepenista pretende aglutinar a la Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 18 concejales, y a Iniciativa Habitable (IH), una candidatura ultra disfrazada de ecologista liderada por el ex falangista Manuel Leal Gil. Para ello pretenden, a imagen del FN francés, movilizar a las clases trabajadoras, especialmente en los cinturones industriales de las grandes ciudades. 

La estrategia pasa por adaptar su discurso a los nuevos tiempos, ganar presencia institucional y visibilidad mediática y convertir a los inmigrantes en auténticas bestias negras. En el País Valenciano y Cataluña, el discurso de los ultras se aleja -aunque sin abandonarlo ni mucho menos- del anticatalanismo y del españolismo a ultranza y se frontaliza contra el islamismo. 

Es el caso de las campañas del líder de PxC, ex miembro de Fuerza Nueva en Cataluña, contra las mezquitas. En Valencia el partido de Roberto suele organizar manifestaciones legales contra la inmigración y partidos de fútbol "sólo para españoles" en barrios de fuerte presencia extranjera.

La llegada a E 2000, en enero del año pasado, de Ernesto Milá consolidó esta vía. Su alianza con José Luís Roberto tenía un claro objetivo: articular la representación de las tres formaciones -IH, PxC y E 2000 suman en total 30 concejales- y conseguir una candidatura unitaria para las elecciones al Parlamento Europeo. Pero el camino hacia la unidad está lleno de obstáculos. Uno de ellos es Madrid, donde Roberto y los suyos no tienen tanta influencia. En la capital española hay, además, otros competidores.

Frente Nacional se lleva Madrid
Cabe recordar que la nueva marca electoral del tradicionalismo español, el Frente Nacional, se presentaba en una manifestación el 28 de octubre del 2007 secundada, según sus organizadores, por 5.000 personas. 

Su presidente, se postuló en una escenografía cuidada y moderna como el líder de la "nueva España". Madrid es también el campo de batalla que se disputan DN y el FN, ya que en varias ocasiones han puesto a prueba sus capacidades de convocatoria con actos simultáneos. Por ejemplo, el 11 de noviembre del 2007 convocaron separadamente marchas contra la llegada masiva de inmigrantes extracomunitarios. Una por el barrio de Salamanca, organizada por el FN; la otra, de DN, en Usera, cerca de donde moría Carlos.

La muerte de Palomino hizo saltar las alarmas
El asesinato del joven antifascista hizo saltar todas las alarmas entre los ultras lepenistas. Las demandas de ilegalización de las organizaciones fascistas desde amplios sectores sociales y políticos -incluyendo al Partido Popular- pueden empañar los planes de la nueva ultraderecha española. Además, su partido E 2000, pese a una imagen renovada y a un ideario "populista social y democrático" no logra convertirse en la "casa común del patriotismo".

Sus conexiones policiales, así como sus actividades empresariales en la prostitución, han hecho recelar de sus proyectos políticos a muchos ultraderechistas, especialmente al fundamentalismo católico, capitaneados por el Movimiento Católico Español y Alternativa Española, y al racismo sin tapujos de DN y AN. Por su parte, el FN francés reclama unidad a sus colegas pero al tiempo ha diversificado sus contactos. Pese a preferir a DN, casi todas las organizaciones ultras españolas participan en los encuentros del Frente Nacional francés. Alain Lavarde, el delegado de Le Pen en el Estado español, observa a sus camaradas desde su residencia en Benidorm. Antiguo capitán paracaidista del ejército francés en Argelia y ex miembro de la organización ultra OAS, Lavarde es fundamental para los proyectos electorales ultras: puede ser la llave del apadrinamiento político y económico del FN francés.

"Alternativa española"

Poco después de las generales del 2004 apareció en escena un "nuevo" partido llamado Alternativa Española (AE). Su lema es "por una derecha que defienda la vida, familia las raíces cristianas y España". AE , eso sí, es una actualización del viejo partido de Blas Piña. Como nota curiosa, existe algún indicio de que los otros grupos de esta zona ideológica ven detrás de este partido la mano del PSOE.

Fascistas y antifascistas
Más allá de la cuestión electoral, existe una preocupación extendida en la sociedad española por la adopción de determinadas bandas de signos de violencia. La ONG SOS Racismo señaló citando fuentes policiales que a inicios de 2006 existían entre 11.000 y 15.000 jóvenes integrantes de bandas de ultraderecha. Según estos datos, a lo largo de 2006 las fuerzas de seguridad detuvieron alrededor de 50 personas identificadas como ultras y neonazis por actos violentos. Además, se han localizado más de 300 páginas web en los que se incita a la discriminación y al odio contra diversos colectivos, entre ellos, los inmigrantes.

Partidos como Democracia Nacional insisten en negar la importancia de las bandas neonazis y acusan a las autoridades y medios de comunicación de proteger a grupos que no dudan en calificar de "racistas" y "antiespañoles" y violentos de izquierda con nexos terroristas".

Sin embargo, la Coordinadora Antifascista de Madrid, que agrupa a diversos colectivos bajo el lema "Madrid antifascista, anticapitalista y antirracista", asegura que su trabajo es "únicamente político". Para este colectivo, la muerte de Carlos Javier Palomino no fue producto de un enfrentamiento entre bandas, sino que "fue asesinado por su condición política". Desde 1992 han contabilizado ocho asesinatos de tinte ultraderechista y aseguran estar dispuestos a seguir movilizándose contra las manifestaciones de lo que consideran grupos "fascistas".

La inmigración, factor clave
Jorge Verstrynge, politólogo y ex secretario general de Alianza Popular, indicó que "la ultraderecha antisistema en España está encerrada en una caja de Pandora y Ángel Acebes está sentado sobre ella". En este sentido, Verstrynge señaló que el Partido Popular ha ayudado a cerrar el paso a este tipo de movimientos, y recordó que una buena parte de la derecha española de carácter nacional católico se integró en el PP. Por ello, la inmigración también es para Verstrynge el factor clave que podría impulsar a la extrema derecha, así como llevar al PP a una radicalización en sus tesis migratorias.

El politólogo advierte, en su Informe sobre la Inmigración, que "el exceso de inmigración puede generar en un tsunami etno-populista que implique sociedades duales, con ciudadanos blancos protegidos por una parte, y otras poblaciones incitadas de una forma u otra a retornar a sus países de origen". "El racismo parece la única herencia del nazismo destinada a sobrevivir, y a expandirse si no se controla, y a hacer inútiles los esfuerzos en contra si se dejan crear condiciones favorables para su alimentación", añade.

Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, también consideró que los grupos de extrema derecha son "marginales en España", pero que "su capacidad de incitar al odio y a la xenofobia es importante". Para Ibarra, la nueva ultraderecha persigue rentabilizar los conflictos sociales y "aspira a recoger los frutos de su agitación cuando se atraviese por un momento económico más crítico".


El activista diferenció entre los partidos legales que "hacen de la xenofobia su bandera", y los grupos que operan en la clandestinidad con violencia. En cuanto a los primeros, opinó que "están fuera de la ley de partidos y de la Constitución", mientras que para los segundos reclamó que se aplique "la ley antiterrorista". Asimismo, consideró necesarias "políticas inteligentes de inmigración y de fomento del respeto a otras culturas".

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