El líder del Plataforma per Catalunya (PxC), Josep Anglada, anunciaba hace unos días que pretende implantar una federación de su partido en cada una de las tres provincias de la Comunitat Valenciana,
junto con Madrid y Zaragoza, para lograr representación en el Congreso de los Diputados en las elecciones del 2012. Su principal argumento se basa en la necesidad de crear una formación «populista identitaria» para impulsar políticas que controlen de forma estricta la inmigración.
Advierte Anglada que a finales de agosto empezará la expansión en Valencia con siglas diferentes a las catalanas, pero mantendrá su imagen como líder y el mismo discurso que le ha hecho triunfar en Catalunya cuadruplicando sus resultados en las municipales y quedándose a las puertas para entrar en el Parlament con 75.000 votos. En la Comunitat, con casi un 20% de inmigración, una extrema derecha que ha recibido casi 30.000 apoyos en las autonómicas y asentada en Valencia capital y en el cinturón industrial, no será extraño escuchar próximamente el discurso hostil hacia los inmigrantes, islamófobo, incitando el miedo al extranjero, antieuropeo y sistemáticamente enemigo de los impuestos bajo la bandera de una nueva formación política. Normas y prácticas sociales que preconizan un individualismo exacerbado, populismo estigmatizador y exclusión de mujeres que llevan burka, apelando a la igualdad entre ambos sexos como ha sucedido en Lleida, medida ratificada este mismo mes por el TSJ de Cataluña, a pesar de que sólo el 3% de su población es musulmana y una minoría se cubren el rostro con el velo.
El triunfo de Anglada se debe a su magnetismo sobre electorados tradicionales, a derecha e izquierda, que es proporcional al crecimiento de las pulsiones antipolíticas y a las crisis correspondientes de ideologías y partidos que han construido el espacio público español en los últimos treinta años. Una forma de hacer política ligada al miedo que comienza sutilmente abusando de deslizamientos sistemáticos que implantan relaciones peligrosas entre los conceptos «perturbación» o «grave riesgo» y la noción de «tranquilidad pública» y la taxonomía «nosotros/ellos» y «autóctonos/extranjeros».
Pero ahora, de lo que se trata es de pensar en clave nacional y no sólo de política regional. Además de redefinir la estrategia con fórmulas que ya han tenido éxito con propuestas radicales. Paradójicamente esta nueva derecha tienen similitudes con el Tea Party estadounidense, corriente que tiene sus raíces en la rebelión contra los impuestos británicos en la época colonial, al igual que el Frente Nacional reivindica un republicanismo laico en el que nunca creyó, junto con todas aquellas formaciones que a través de su autenticidad, ondean la supremacía de la propia identidad y excluyen las ajenas. ¿Será Plataforma per València la nueva federación de Anglada en la Comunitat y la que le consiga su escaño en el 2012? Eso sí, con permiso de Ernesto Milà y de José Luis Roberto, líderes de España 2000 y los triunfadores de la extrema derecha en Valencia. Comienza la batalla, pero desafortunadamente la bandera es la misma. Anglada lo ha anunciado y viene para quedarse.
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